Cuando comes lácteos, ¿sientes malestar? ¿Tal vez dolor o hinchazón abdominal? Aunque la intolerancia a la lactosa es cada vez más conocida, es normal tener dudas sobre cómo identificarla. Eso se debe, sobre todo, a que es una dolencia que tiene muchos factores a considerar como, por ejemplo, el grado de intolerancia, los tipos de intolerancia, los síntomas… En Nutira estamos para ayudarte y por eso venimos a presentarte…¡Las claves más importantes que debes saber para detectar si sufres intolerancia a la lactosa!

¡La información es vital a la hora de tratar intolerancias!

 

¿Cuáles son las causas principales de la intolerancia a la lactosa?

No todas las intolerancias a la lactosa son iguales, por eso es importante conocer que existen 3 tipos: la primaria, secundaria y congénita. Cada una de estas presenta un origen particular y, por lo tanto, se manifiesta de distintas maneras:

1 – Primaria

¿El malestar al comer lácteos se ha desarrollado a medida que te has hecho mayor? Si es así, lo más seguro es que se trate de una intolerancia a la lactosa primaria, pues esta ocurre por la pérdida progresiva de la enzima lactasa en el intestino delgado a través de los años. Se trata del tipo más común a nivel mundial.

2 – Secundaria

¿Los lácteos han empezado a “caerte mal” tras sufrir alguna enfermedad de la zona intestinal? En este caso, entonces, hablamos de una intolerancia a la lactosa secundaria. Este tipo suele ser transitorio y suele verse, por ejemplo, en personas que han padecido previamente enfermedades como la gastroenteritis.

3 – Congénita

Esta última es la más extraña de todas, pues no sólo se produce desde el nacimiento, sino que además se genera por una ausencia total de lactasa. Como era de esperar, este es el tipo menos frecuente a nivel mundial.

La información que daremos a partir de ahora corresponde a la intolerancia primaria a la lactosa que, como hemos dicho, es la más habitual. 

¿Existen distintos grados de intolerancia a la lactosa?

Si bien hay diversos tipos de intolerancias a la lactosa, también existen distintos grados. Este punto es de vital importancia ya que nos ayudará a saber qué podemos comer y qué no. Veamos:

Sensibilidad alta:

Las personas que presentan una sensibilidad alta deben tener más cuidado, pues solo toleran entre 1 y 4 gramos de lactosa. Eso quiere decir que incluso la mantequilla, que apenas contiene una gran cantidad lactosa, puede ser el detonante de fuertes dolores abdominales.

Sensibilidad media:

¿Puedes comer yogurt, pero no leche condensada? Si tu respuesta es positiva, lo más probable es que tu sensibilidad a la lactosa sea media, es decir, puedes tolerar entre 5 y 8 gramos de lactosa. Cabe destacar que el yogurt suele tener un aproximado de 5 gramos, mientras que la leche condensada más de 9 o 10 gramos de lactosa.

Sensibilidad baja:

¿Tan solo algunos pocos lácteos te producen dolencias? Seguramente entonces hablamos de una sensibilidad baja, o sea aquella en la que las personas pueden tolerar entre 9 a 12 grados de lactosa.

Como es de imaginar, es muy importante vigilar los alimentos que comes y observar con detenimiento los síntomas que te producen al digerirlos.

 

¿Qué síntomas son los más habituales?

Entre los síntomas más habituales de la intolerancia a la lactosa, se encuentran aquellos que afectan la región intestinal 

  • Dolor e hinchazón abdominal 
  • Diarrea
  • Flatulencia
  • Náuseas
  • Vómitos

Es importante saber que estos síntomas suelen aparecer entre 15 y 30 minutos después de ingerir lactosa y pueden tardar entre 3 y 6 horas. 

¿Qué pruebas diagnósticas existen para diagnosticar una intolerancia a la lactosa?

Otra clave fundamental para entender y controlar la intolerancia a la lactosa es saber que existen diversas formas de detectarla. Algunas más rápidas y fáciles, otras no tanto. Vamos a verlas una a una:

Test de hidrógeno en el aliento

Sin duda este test es el más popular y se trata de un método que evalúa la cantidad de hidrógeno en la respiración de la persona tras consumir unos 50 gramos de lactosa. ¿Cómo es eso? La persona consume los 50 gramos de lactosa y posteriormente, en plazos de entre 15 y 30 minutos, sopla una especie de alcoholímetro que mide el hidrógeno. 

Cabe recordar que la lactosa, al no ser digerida correctamente en el intestino delgado, llega al intestino grueso donde es devorada por las bacterias y desechada como hidrógeno. Por lo tanto, si la concentración de hidrógeno es más de lo normal, se considera que hay problemas para digerir la lactosa y que existe una intolerancia.

Test sanguíneo

También se realiza suministrando una dosis de lactosa en el paciente, pero a diferencia del primero, en este caso no se mide la cantidad de hidrógeno, sino la cantidad de glucosa en la sangre. ¿Glucosa? Sí, glucosa, pues recordemos que la enzima lactasa desdobla la lactosa en galactosa y glucosa, por lo tanto, si al consumir lactosa, no se eleva el nivel de glucosa en la sangre, quiere decir que hay intolerancia. 

Biopsia del intestino delgado

La biopsia del intestino delgado, como su propio nombre lo indica, es tal vez la manera más invasiva de diagnosticar esta intolerancia, pues se hace recolectando muestras del tejido intestinal a través de la endoscopia. Las muestras son llevadas a laboratorios y examinadas para determinar la presencia o no de lactasa.

Test genético

Parecido al test de la celiaquía, este innovador método evalúa la predisposición genética a padecer de intolerancia a la lactosa. Es, sin duda alguna, el más moderno y cada vez se hace más conocido.

Con el fin de despejar todo tipo de dudas, hoy en día cada vez se hace más popular realizar dos de estas pruebas: Primero el de hidrógeno y después el genético.

¿Cómo podemos vivir con la intolerancia? ¡Información y Nutira!

Tras conocer los tipos, los grados, los síntomas y los métodos para diagnosticar la intolerancia a la lactosa, falta preguntarnos: ¿Cómo podemos vivir con ella? Pues para ello existen dos claves principales y son: el semáforo de Adilac y la gama Nutira. 

Semáforo de Adilac

¿Qué alimentos contienen lactosa y cuáles no? Esa es una de las preguntas que nos ayudará a responder el semáforo de Adilac, una gran herramienta que agrupa los alimentos en colores y facilita reconocer cuáles podemos consumir, cuáles con precaución y cuáles quedan completamente descartados.

Rojo

Los alimentos que pertenecen al color rojo son aquellos que no pueden ser consumidos por intolerantes a la lactosa como por ejemplo:

  • Leche animal
  • Quesos
  • Natas
  • Helados 
  • Natillas

Amarillo

Algunos alimentos pueden o no contener lactosa dependiendo de su preparación. En este grupo se incluyen por ejemplo:

  • Cremas
  • Sopas
  • Panes
  • Embutidos
  • Batidos
  • Aperitivos

Verde

Y finalmente, se presentan los alimentos verdes o libres de lactosa como:

  • Verduras
  • Frutos secos
  • Pescados
  • Pastas
  • Arroz
  • Huevos

 

¿Deseas ampliar esta lista y conocer todos los alimentos que contienen lactosa y aquellos que no? ¡Haz clic aquí!

 

Gama Nutira

Finalmente, seleccionar la gama Nutira que mejor se adapta a tus necesidades y a tu día a día es la mejor decisión que puedes tomar si eres intolerante y deseas llevar una vida sin limitaciones:

Nutira® Masticable: estos comprimidos masticables están pensados para personas con intolerancia a la lactosa leve o moderada.

Nutira® Forte: son cápsulas dirigidas a personas con intolerancia a la lactosa moderada o severa. 

Nutira® Forte to Go: estos comprimidos están pensados para personas con intolerancia a la lactosa moderada o severa, pero que prefieren un formato más cómodo para llevar siempre encima.

 

Para conocer más sobre nuestra gama Nutira, haz clic aquí.

 

La información, como siempre decimos, es vital para tratar la intolerancia a la lactosa, ya que mientras más sepamos, mejor podremos controlarla, así que… ¡Muy atentos a nuestro blog!

 

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